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Una noche con Sabrina Love - Capítulo I


Pedro Mairal



UNO


Como todavía no empezaba el Show de Sabrina Love, Daniel recorría los sesenta canales del cable robado, dejando a las imágenes durar apenas unos segundos. Un locutor, el fondo del mar, unas jirafas, autos persiguiéndose, mujeres venezolanas hablando, lava volcánica, las autopistas en la madrugada de España, un hombre con cara de terror, unas manos decorando una torta. Pasamos enton. Tu nunca podrás. Most incredible and amaz. Tástrofe de los úl. Allóra il vècchio. Un corte super. La llanura del. Pará Laurita. Una sola historia a toda velocidad en la que el sol del mapa satelital meteorológico brillaba sobre el documental de Kenya donde copulaban los leones mostrando los dientes en la misma posición que la pareja norteamericana del canal pornográfico que también mostraba los dientes y cerraba los ojos como queriendo olvidar la imagen del noticiero de esos iraquíes que apuntaban sus ametralladoras hacia el arquero argentino que caía de rodillas y levantaba los brazos porque sabía que iban a fusilarlo y entonces veía toda su vida en un solo fogonazo comenzando por los dibujos animados de su infancia. Una historia infinita que Daniel aceleraba como intentando apurar el tiempo que faltaba para el programa de Sabrina Love. Sólo se detenía en el beso de alguna pareja que empezaba a desvestirse en la penumbra azulina de una película clase B, rogando que se demorara la toma del fuego en la chimenea fundida con el frente de un edificio en pleno día siguiente donde la actriz haría un gran esfuerzo por mantener la sábana a la altura de las clavículas.
La luz del televisor achicaba y agrandaba la habitación, hacía aparecer muecas extrañas en las mujeres desnudas de los posters desplegables pegados en las paredes, arrugados por la humedad de las lluvias que habían desbordado los ríos del Litoral hasta tapar la ruta provincial que comunicaba a la ciudad de Curuguazú con Buenos Aires. El calor de la noche era el aliento de un animal inmenso. Sentado al borde de la cama, Daniel se mataba los mosquitos y cambiaba los canales apretando los botones del conversor con una aguja de tejer. Cuando se quedaba mirando un programa la hacía zumbar en el aire con una cadencia hipnótica, sin desviar la mirada de la pantalla. En la otra mano sostenía un papel con un número anotado: 2756. De vez en cuando se detenía en el canal para adultos. Ahora eran dos mujeres lamiéndose interminablemente al borde de una pileta. Ya la había visto. Faltaban dos coitos más con las correspondientes escenas dialogadas entre medio, los títulos y después, por fin, el Show de Sabrina Love.
Salió de la habitación y cerró la puerta con una llave que guardaba en el bolsillo. Cruzó a oscuras el patio con su andar adolescente, medio desarticulado, como si le quedara un par de talles grande el esqueleto. Se oían los perros de la cuadra ladrándose en la sombra cálida. Fue hasta la cocina y abrió la heladera. Se quedó sintiendo el frío, mirando los frascos y las sobras. Sacó sólo un botellón con agua y cerró. Oyó los pasos cortitos de su abuela y el golpe de dos tiempos del andador.
-¿Danielito, sos vos?
-Sí, abuela.
-¿Qué hacés levantado?
-Tenía sed.
En la penumbra la vio acercarse despacio, el cuerpo vencido, los brazos flacos pero con fuerza para seguir levantando el andador.
-¿Querés que te prepare algo?
-No, abuela, tengo que dormir -dijo y tomó agua con grandes sorbos.
-¿Mañana trabajás?
-Sí, dentro de dos horas, a las cinco.
-Pero, Daniel, mirá que sos nocturno, siempre desvelado. Tu mamá contaba que vos naciste...
-...con los ojos abiertos.
-Sí, con los ojos abiertos. Tratá de dormir un poco -le dijo y le acomodó el flequillo hacia un lado pasándole la mano por la mejilla.
Soportó la caricia, dijo “hasta mañana” y salió al patio, apurado.
-Danielito, a la tarde viene tu hermana a limpiar, no dejes tu puerta con llave.
Daniel se metió en la habitación y pasó un cerrojo del lado de adentro.
Se sentó en el borde de la cama. Ya empezaba el Show de Sabrina Love. La presentación, con música burbujeante, alternaba imágenes de ella en distintas posiciones y con atuendos especiales para realizar las fantasías eróticas más diversas. Era una mujer rubia, alta, con una cabellera de danesa electrocutada, labios rojos a punto de saltarle de la cara, pechos dadivosos y unas caderas amplias que cuando aparecía tendida en la cama le daban un aire de yegua voluptuosa echada al sol. Hoy dirigía su programa desde el jacuzzi. Invitaba al actor sex simbol del momento a sumergirse con ella para un reportaje donde lograba ponerlo incómodo con todo tipo de sugerencias, presentaba notas estrepitosas hechas en porno shops, opiniones de sexólogos, fragmentos de su participación en distintas películas condicionadas, contestaba su correo de consultas con consejos útiles para la cama, todo con una alegría y una inocencia inigualables. “Y ahora, mis queridos mamíferos divinos”, decía juntando los pechos con los antebrazos, “vamos a lo que todos están esperando: el sorteo para ver con quién paso una noche acá, en el hotel Keops, solitos los dos al rojo vivo.” Ahora gateaba, con portaligas y corset negro, sobre una montaña de papeles que rebasaban una pecera de acrílico. “Cuántos hombres”, decía mientras revolvía, “por lo que me dijeron en producción también hay mujeres, así que esto puede ser una sorpresa.” Daniel miraba su número.
Había llamado hacía un mes cuando logró ver el programa, después de algunas maniobras clandestinas que se desencadenaron la tarde en que subió a la azotea para arreglar la antena que no captaba bien la repetidora local y advirtió, sobre la medianera, un cable nuevo, azul, que entraba en casa de los vecinos; era la transmisión por cable recién traída de Buenos Aires. Algo que muy pocos tenían en Curuguazú. De madrugada hizo una conexión con un cable coaxil y lo llevó hasta su cuarto. Necesitaba un televisor. Sacárselo a su abuela hubiese sido privarla de su único entretenimiento. Fue a ver al gordo Carboni que, se sabía, guardaba mercadería sospechosa. Cerca de las quintas, en un galpón repleto de pedazos de autos y de electrodomésticos usados, le vendieron por la mitad de su sueldo un televisor con el tubo flojo y un conversor de canales.
-Lo ajustás un poco acá, le conectás dos o tres cablecitos adentro y no vas a tener problema. El conversor es nuevo casi. El control remoto te lo debo.
-¿Con esto se ven todos los canales? -preguntó Daniel ya abrazado al aparato.
-Sí, el porno también -le dijo el gordo Carboni. Lo despachó, cerró el portón de chapa y bajo el sol, en la calle de tierra, Daniel oyó que le gritaba burlón:
-¡Te vas a quedar ciego, pendejo!
Pero él sabía que eso no era cierto. Durante la tarde reparó el televisor, desarmó el conversor para ver cómo funcionaba y volvió a armarlo. Esa noche, teniendo ya todo enchufado, pasado el estupor de las primeras imágenes del canal para adultos, comprendió que ya no serían las revistas compradas con vergüenza en el quiosco de la terminal, con fotos de mujeres que la imaginación debía tomarse el trabajo de articular, sino que ahora una corriente erótica continua llevaría hasta su cuarto aquellos cuerpos en todas sus posturas y jadeos, y se entregó con felicidad a un onanismo estival que lejos de dejarlo ciego lo hizo ver por vez primera los secretos más recónditos de su existencia.
Cuando vio el programa de Sabrina Love y supo del concurso, llamó a la línea 0600 que indicaban en pantalla y después de dejar sus datos, una voz grabada le dictó ese número que ahora sostenía en la mano con un leve temblor. Miraba cómo Sabrina Love revolvía el montón de papeles y decía “Lástima no poder complacerlos a todos, mis amores. Ahora les voy a pedir a los chicos de la producción que tiren los papelitos al aire y el que me caiga en el escote va ser el ganador.” Dos tipos musculosos la ayudaron a pararse y empezaron a revolear grandes manojos de papeles que caían como tormenta sobre ella que movía los hombros alzando levemente los pechos, hasta que, al fin, un papelito se posó en el corpiño de encaje negro. Ella dejó que terminaran de caer los otros. Miró hacia abajo, donde estaba el papel, miró a cámara, lo tomó entre sus dedos y dijo “A ver quién es este pícaro. Bueno. En una habitación del Hotel Keops, con todo pago, solitos, vamos a pasar una noche inolvidable yo, Sabrina Love, la primera porno star argentina y...” Daniel miró su número: 2756. “¡Ay, qué divino! No voy a decir el nombre para evitar indiscreciones con alguna esposa celosa, pero es un hombre y tiene el dos mil setecientos cincuenta y seis.” Daniel se paró, pensó que había oído mal. Sabrina Love festejó bailando con una música de saxos aterciopelados y después dijo: “El ganador acuérdese que tiene 24 horas para ponerse en contacto con producción. Nosotros no llamamos porque tal vez el ganador prefiere que sea un secreto entre él y yo. Así que, dos mil setecientos cincuenta y seis, mi amor, divino, te espero para que hagamos todo lo que te imaginás y mientras tanto te dejo guardadito acá.” Se puso el papel en el escote y cerró el programa con su rutina de strip tease.
Daniel se quedó inmóvil, con las manos en la cabeza. Después miró a su alrededor en la habitación y sonrió nervioso. Caían los títulos del Show de Sabrina Love. Apagó el televisor. Se metió en la cama vestido y se tapó totalmente. No podía creerlo. Se quedó en silencio, asustado. La noche de verano ya se deshacía en el canto todavía oscuro de algún gallo.
*
(Una noche con Sabrina Love, Anagrama, 2001)

Reseñas sobre "Una noche con Sabrina Love"


Diario El País (España), Suplemento Babelia, domingo 1 de abril de 2001

Perdido en la Carretera

La novela fue la brillante irrupción en la literatura de Pedro Mairal

Narrativa: Una noche con Sabrina Love
Pedro Mairal
Anagrama Barcelona, 2001, 146 páginas. 1.800 pesetas

Javier Calvo

En otoño de 1998, un jurado compuesto por Bioy Casares, Roa Bastos y Cabrera Infante adjudicó el recién fundado Premio Clarín de Novela (el Planeta argentino) a un desconocido de 28 años por la historia de un adolescente que recorre el país para acostarse con una actriz porno. Dos años más tarde se estrena la versión cinematográfica Una noche con Sabrina Love, de Alejandro Agresti, y la novela se publica en España, con la salvedad de que Pedro Mairal ya no es desconocido y se dedica a la poesía (!), con cierto éxito.

Es una novela ganadora casi desde la primera página. El protagonista de 17 años, Daniel Montero, trabaja en un frigorífico de pollos en un pueblo perdido e inundado -de la provincia de Entre Ríos, en la Argentina rural. Para combatir el ostracismo horroroso de su comarca, piratea la emisión de la tele por cable, donde descubre a Sabrina Love, la estrella porno. Cuando gana un concurso telefónico cuyo premio es pasar una noche con Sabrina, Daniel lo deja todo y se va haciendo autostop a Buenos Aires. En el camino atraviesa aventuras tan diversas como aberrantes: es atracado por unos soldados, adoptado por obreros de la construcción, intima con vagabundos y camioneros. En la capital, aterriza en un carnaval gay e incluso acaba encontrando una novia serendípica antes de su heroica velada con Sabrina (que, obviamente, no sale como Daniel esperaba).

La combinación de planteamiento afortunado y desarrollo hábilmente mesurado recuerda el debut sorprendente de hace un par de años de Magnus Mills con El encierro de las bestias. Como Mills (discípulo descarado de Roddy Doyle), Mairal lleva a cabo una sátira proletaria cimentada en los diálogos, en la representación humorística delas pequeñas perversiones del pueblo llano y en el conocimiento preciso de la museística pop. En sus pasajes más descabellados, Mairal es sutilmente surreal: véanse los episodios de la anciana que ve la tele como un artificio casi religioso, el taxista que enloquece en plena carrera o la transformación simbólica del protagonista en espantapájaros en la fiesta gay. El resto del tiempo, Mairal es un analista mordaz de las costumbres de su sociedad, incluyendo rasgos locales que conectan su discurso con la tradición argentina. El libro puede leerse, además de como relato paródico de iniciación, como comentario humorístico acerca de la relación (podría llamarse interplanetaria) entre la Argentina periférica y el poschic de Buenos Aires, que envía a la provincia señales fragmentarias y no siempre entendidas. En otro nivel, cuesta no percibir cierto ennui en la representación descabellada y feroz de la precariedad pasmosa de la Argentina actual.

Su discurso recuerda la novelística de Osvaldo Soriano, por su énfasis en los diálogos, el humor y el ritmo de la prosa, y por la parodia de elementos de novela de carretera y la figura del héroe perdido en la pradera (metáfora cuasi nihilista del país). Igual que Soriano, Mairal es equidistante respecto a los discursos de la literatura, el cine y la televisión. Y como tal, es apto para la comunicación con el público y para promover el diálogo entre las disciplinas de la ficción.

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Diario Clarín, Cultura, domingo 22 de noviembre de 1998

PREMIO CLARÍN DE NOVELA

LA TRAVESÍA DEL SEXO

NOVELA
Una noche con Sabrina Love
De Pedro Mairal
por GABRIELA LIFFSCHITZ
Cada madrugada, grabado y producido desde un hotel de Recoleta, el "Show de Sabrina Love" se emite por un canal codificado de la televisión por cable. Sabrina desplaza sensual, tersa, su cuerpo poblado por la curvatura de la manipulación, de un lado al otro de la pantalla. Sus ojos enmarcados en pinceladas egipcias, felinas y pestañas postizas, apantallan exuberantes lo sonrojado de sus pómulos.
Esta mujer, que habla con la intención del suspiro, casi un gemido al finalizar cada palabra, es una artista porno que conduce su propio show. En cada emisión se entrega a sus seguidores por completo, como ninguna otra diva de la pantalla.
Sabrina Love no tiene vida pública; mejor dicho, su vida pública se reduce a su actuación en el programa y al souvenir o al recuerdo erótico que atesorarán los privilegiados que pueden pagar para acostarse con ella en uno de los cuartos del mismo hotel.
Pero, desde el lanzamiento del concurso "Una Noche con Sabrina Love", su vida pública alcanzará también a la marca indeleble que dejará en la vida sexual del ganador, aunque ella lo ignore.En la era del "0-600, gane lo que sea", la felicidad no sólo pasa por la posesión de premios impensables sino fundamentalmente por el inútil contacto con las estrellas: los personajes mediáticos están lejos de ejercitar una función en el plano de la información, el entretenimiento o la cultura. Se han convertido en seres todopoderosos a imagen y semejanza del deseo de la audiencia. En el premio del concurso de "Una noche con Sabrina Love", en esta realidad que parece la concreción definitiva de "La lotería en Babilonia", no se ofrece ese contacto y su promesa de brillantez por contagio: se lo asegura, se lo profundiza.
Desde Curuguazú, un pueblo de Entre Ríos, Daniel Montero mira ansioso el programa. En sus manos tiene el papel en el que ha escrito el número de participante que le dieron cuando llamó al 0-600 del concurso.
Este joven de 17 años, que por momentos parece tener un claro parentesco con algunos personajes de Pizza, birra, faso, por esa falta de pomposidad, esa naturalidad que nos dificulta pensar que se trata de actores, tiene en sus manos el número ganador.
En relación con sus congéneres, Daniel Montero tiene algunos privilegios: primero, su pieza tiene llave; segundo, dentro de ella y de modo clandestino guarda un televisor color y, tercero, está conectado irregularmente al cable y al canal condicionado que llegan a la zona.
Pero este adolescente tiene, en comparación con sus amigos, una desventaja: aún es virgen. Las novelas de iniciación han sido, desde los orígenes de la literatura un pasaje por la conducta de las épocas y sus costumbres.
En los poemas épicos de la Edad Media los futuros caballeros debían enfrentarse a diversos monstruos, gigantes verdes y dragones humeantes con un objetivo firme: ser hombres o, lo que es lo mismo, ingresar en el sistema de valores sociales de la época.
El fundamento de su iniciación consistía en salvar de estos y otros horrores a bellas princesas o damas de la corte o doncellas de encantadoras voces. En este roce literario con el sexo se escondía la promesa de una noble recompensa: el amor que sellaría el pasaje. Así, en la primera novela de Pedro Mairal, su protagonista, Daniel Montero, deberá enfrentarse a un nuevo sistema de obstáculos. Bestias más modestas y adversidades modernas ubicarán de todos modos a su travesía en el registro de la aventura.
Este caballero secreto cruzará a nado el río y se topará con las injusticias y humillaciones necesarias para llegar hasta Sabrina con el trofeo de haber vencido las pruebas y con un secreto: hacer de su viaje una verdadera iniciación.
Con el número del llamado ganador en el bolsillo, solo y sin dinero, Daniel deja Curuguazú casi sin decirle nada a nadie, casi sin decirse nada. Tal vez pensará que contarlo sería de mal agüero, tal vez se despertará de lo que, a pesar de su aparente indiferencia, parece un sueño. O, lo más importante, tal vez decirlo significará tener que confrontarse, rendir cuentas.
Este pánico a hablar del asunto será roto por él sin embargo a condición de que su interlocutor sea tan ocasional como el encuentro al que se dirige. En una escena brillante, después de haber cometido la infidencia de contar el objeto de su viaje a un efímero compañero de ruta, unos doscientos obreros lo alentarán con hurras y aplausos. Gritarán al unísono, con esa unilateralidad de sentido, esa condescencia solidaria ante la ambivalente desesperación que ofrece, para cualquier hombre, su debut sexual (el hit plebeyo del amor).
En esta novela el monólogo interior no existe: la interioridad del personaje es la novela misma. La ambigüedad, el miedo y el deseo son traducidos hábilmente por el autor al lenguaje de los hechos, la destreza despojada de los diálogos, la insistencia de la dificultad, la sutileza en el humor. En un tono que sorprende por lo natural, marcado por la agilidad y llamativo por lo poco pretencioso, Pedro Mairal nos lleva a presenciar el recorrido -paradójicamente apacible- por las urgencias del joven Montero.
En este orden inalterado, el de la sucesión cronológica no es el quiebre formal dentro de la novela -al fin de cuentas un recurso, un procedimiento o un artificio- sino la naturaleza del hecho -el debut, la iniciación- la que crea una temporalidad ilusoria que prueba ser verdadera, en el diálogo final.
Porque al final el destino siempre es otro, y las ofrendas -sacrificios realizados- insisten en resultar menos inútiles (o más loables según el caso) en el momento de recibir la recompensa de lo que podría llamarse un bonus track. Uno de esos surcos inesperados que siempre depara el amor.

© Copyright 1998 Clarín Digital. All rights reserved.

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El tango al revés

Por Michel Faure

Las historias de Pedro Mairal ponen en escena, con humanidad, las alegrías y el sufrimiento de la Argentina actual.

Daniel tiene dos razones para estar un poco nervioso: es adolescente y argentino. Vive en Curuguazú, un rincón perdido en la provincia de Entre Ríos. Sus padres han muerto, él trabaja en un frigorífico de pollos y el río está desbordado: su breve vida está tan desbaratada como su país. Su televisor, un aparato de origen dudoso colgado ilegalmente del cable porno, le va a cambiar la vida. Daniel, por una vez, sacó el número elegido y ganó un sorteo para pasar una noche con Sabrina Love, la lánguida anfitriona de su programa favorito. Entonces, como un maravillarse, como el fin de la infancia y el despertar a la vida, comienza esta historia que es cómica, tierna, rocambolesca y precisa.

Se desarrolla con un largo viaje a través del norte del país, donde el joven se encuentra con loquitos y menesterosos, con bromistas desesperados, enamorados violentos, un taxista furioso, tipos y modos de la Argentina actual. Se sube a camionetas, a una balsa y a sus sueños, antes de descubrir por fin la ciudad de Buenos Aires, y con ella el sexo, que le sorprende un poco, y el amor, que lo asombra por completo.

Daniel es el héroe de una primer novela lograda, Una noche con Sabrina Love. Su autor es un joven argentino, Pedro Mairal, nacido en Buenos Aires en 1970, cuyo talento y placer de escribir se encuentran también en otro libro, Hoy Temprano, un volumen de cuentos, un feliz desorden de ritmos, de sujetos y de estilos narrativos, todos precisos y honestos. Describen los agravios, las alegrías y el sufrimiento de un pueblo, los argentinos de hoy en día, que atraviesan con humor y fatalismo las traiciones y las ambigüedades de su tiempo. Los recuerdos de los viajes de la infancia, una pareja adúltera, un fin de semana en Uruguay, un muchacho que sobrevivió a un accidente escolar devenido gurú new age, el rol de los recuerdos en el orgasmo de cuarentones sobrealimentados que "ondulan como morsas torpes hacia la orilla"... Pedro Mairal es un autor hilarante y desencantado. No es jamás cruel ni cínico. Un escritor humano, que escribe derecho sobre situaciones torcidas, admirablemente traducido por Françoise Prébois.


L'Express Livres
juin 2004

Tango renversé
par Michel Faure
Les histoires de Pedro Mairal mettent en scène avec humanisme les joies et les tourments de l'Argentine d'aujourd'hui

Puceau et argentin, deux raisons pour Daniel d'être un peu nerveux. Le jeune garçon vit dans un trou perdu, Curuguazu, dans la province d'Entre Rios, ses parents sont morts, il travaille dans un élevage de poulets et la rivière est en crue: bref, sa vie est aussi déglinguée que l'est son pays. Sa télévision, appareil dont l'origine est douteuse et le branchement clandestin sur un câble porno, va lui changer la vie. Daniel a pour une fois tiré le bon numéro et gagne un concours pour passer une nuit avec Sabrina Love, l'hôtesse langoureuse de son programme favori. L'histoire commence alors, comme un émerveillement, un éveil de la vie, la fin d'une enfance, et elle est drôle, tendre, rocambolesque et juste.

Elle débute par un long périple à travers le nord du pays, où le jeune homme rencontre des dingues et des teigneux, des rigolards désespérés, des amoureux violents, un taxi fou furieux, des types aux normes de l'Argentine d'aujourd'hui. Il embarque dans des camionnettes, sur un radeau et dans ses rêves, avant de découvrir, enfin, Buenos Aires, et avec elle le sexe, qui le surprend un peu et l'amour, qui l'étonne tout à fait.

Daniel est le héros d'un premier roman réussi, Une nuit avec Sabrina Love. Son auteur est un jeune Argentin, Pedro Mairal, né à Buenos Aires en 1970, dont le talent et le plaisir d'écrire s'expriment aussi, à travers une grande variété de registres, dans un autre livre, Tôt ce matin, un recueil de nouvelles, joyeux désordre de rythmes, de sujets et de styles narratifs, toutes précises et justes. Elles décrivent les avanies, les joies et les tourments d'un peuple, les Argentins d'aujourd'hui, qui traversent avec humour et fatalisme les trahisons et les ambiguïtés du temps. Des souvenirs de voyages d'enfance, un couple adultère, un week-end en Uruguay, un gamin qui a survécu à un accident scolaire devenu sur le tard gourou new age, le rôle des souvenirs dans l'orgasme de quadragénaires suralimentés, «morses poussifs en direction du rivage»... Pedro Mairal est drôle et désillusionné. Il n'est jamais cruel ni cynique. Un écrivain humaniste, qui écrit droit des situations tordues, admirablement traduit par Françoise Prébois.

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Diario LIBERATION, Francia, 1 de julio de 2004
Literatura extranjera
Argentino sin plata y desplazado
La picaresca en la pampa y el Werther en Buenos Aires, por Pedro Mairal.
Por Philippe LANÇON
jueves 01 de julio de 2004
(Liberation - 06:00)
Pedro Mairal
Hoy temprano.
Traducido al francés por Françoise Prébois.
Rivages, 147pp., 14,50 €.
Una noche con Sabrina Love.
Rivages, 120 pp., 12 €.

En la pampa de la Argentina en crisis, el relato va al galope; bajo todas sus formas, cinematográficas y literarias. Una novela y un libro de cuentos de Pedro Mairal, nacido en 1970 en Buenos Aires, reúnen hoy en Francia la manada. Tanto una como otro nos permiten transitar, a través de historias estremecedoras por su juventud, el conjunto de una sociedad agitada por un movimiento que parece siempre sobreponerse al desastre, con energía y humor.

La novela Una noche con Sabrina Love es de 1998, año en el que recibió el premio Clarín. La eligió un jurado de pesos pesados de la literatura latinoamericana: Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. Votaron un texto que, obligados a leerlo, no los aburrió. Un adolescente virgen de 17 años, que vive solo con su abuela luego de que sus padres han muerto en un accidente, gana un sorteo en un canal pornográfico: pasará una noche con Sabrina Love, estrella sexual del canal. Debe entonces conseguir dinero y viajar a dedo a Buenos Aires donde lo espera el momento temido y soñado . Por el camino, unos soldados lo asaltan y lo humillan, un camionero le ofrece preservativos, un achispado obrero paraguayo lo presenta a sus amigos, unos paisanos a caballo lo despiertan y lo auxilian cuando duerme a la intemperie. En Buenos Aires, descubre que un viejo amigo es homosexual y se enamora de una chica, a quien enseguida le miente para reunirse con Sabrina Love. Ella lo hará perder la virginidad en un hotel por horas con vista al cementerio, antes de ser golpeado por el productor-proxeneta. En una centena de páginas y unos días, la iniciación está cumplida.

Daniel sabe hablarle a las mujeres y su inventor sabe describir, usar las imágenes y los sueños para que sus relatos se deslicen o levanten vuelo. Sabe darle vida, con unas pocas palabras y respuestas, a los personajes que se cruza su delicado Werther, un adolescente retraído en su dolor y en el sentimiento extremo de su soledad. El autor ha dicho que él mismo a esa edad era un “adolescente tardío” y aislado: “Abandoné la carrera de medicina sin saber ni quién era, ni qué quería hacer, ni en qué iba a trabajar”. La poesía, y en particular Los versos del Capitán, de Pablo Neruda, le mostraron el camino. “Descubrí la palabra y el erotismo al mismo tiempo; y a partir de ahí la sexualidad, la sensualidad y la palabra sensual”. Sabrina Love y un buen poema están apenas separados por el espesor de una página lograda.

Publicado en el 2001, Hoy Temprano confirma y desarrolla el talento de Mairal. Ninguno de estos doce cuentos es anodino. Una mujer joven, aparentemente infértil, quema años de análisis médicos antes de reunirse con una curandera en el pueblo de la infancia de su marido. La curandera la duerme a medias y la hace embarazar por su hijo. La mujer no queda descontenta. Una profesora debe contarles el viaje de su vida por Grecia a sus colegas, que la ayudaron financieramente: ella miente a través de clichés, sin decir nada de lo que en realidad vivió y sintió. Dos hombres, víctimas en su adolescencia de un grave accidente de tránsito, son contactados por otro sobreviviente que ellos salvaron en esa oportunidad. Éste, convertido en un vegetariano adepto a la meditación, ha recuperado la carrocería chocada del vehículo para levantar en medio de su jardín el símbolo de su nueva vida. Los otros dos sueñan con aniquilarlo. En cada cuento, los personajes sufren un defasaje, una contrariedad: lo que piensan o sienten se parece muy poco a lo que viven. Pedro Mairal se instala en esa fisura; la describe con sutileza, con ternura y sin palabras de más.

Existe una tradición del cuento en la Argentina : Borges, Bioy Casares, Cortázar. Estos autores revelaron la cotidianeidad de lo fantástico. Los textos de Mairal son menos fantásticos que cotidianos, como en algunos autores anglosajones. El autor es, además, profesor de literatura inglesa y ha publicado dos libros de poemas que no están traducidos : Tigre como los pájaros y Consumidor final.


LIBERATION

Littérature étrangère
Argentin déjanté désargenté
Du picaresque dans la pampa et Werther à Buenos Aires par Pedro Mairal.
Par Philippe LANÇON
jeudi 01 juillet 2004 (Liberation - 06:00)
Pedro Mairal
Tôt ce matin
Traduit de l'espagnol (Argentine) par Françoise Prébois.
Rivages, 147pp., 14,50 €.
Une nuit avec Sabrina Love
Rivages, 120 pp., 12 €.


Dans la pampa de l'Argentine en crise, le récit galope ; sous toutes ses formes, cinématographiques et littéraires. Un roman et un recueil de nouvelles de Pedro Mairal, né en 1970 à Buenos Aires, rejoignent aujourd'hui en France le troupeau. L'un et l'autre permettent de parcourir, à travers des histoires frémissant de la jeunesse du récit, l'ensemble d'une société agitée par un mouvement qui semble toujours dépasser, en énergie et en humour, celui du désastre.

Le roman Une nuit avec Sabrina Love date déjà de 1998. Il reçut le prix Clarín. Dans le jury, trois poids lourds de la littérature sud-américaine le choisirent : Adolfo Bioy Casares, Augusta Roa Bastos, Guillermo Cabrera Infante. Ils ont voté pour un texte qu'ils ont dû lire et qui ne les ennuyait pas. Un adolescent vierge de 17 ans, vivant seul avec sa grand-mère depuis que ses parents sont morts dans un accident, gagne une loterie sur une chaîne pornographique : il passera une nuit avec Sabrina Love, étoile sexuelle du canal. Il doit alors trouver de l'argent et faire du stop pour rejoindre Buenos Aires, où l'attend le moment craint et rêvé. Chemin faisant, des militaires le volent et l'humilient, un routier lui offre des capotes, un ouvrier paraguayen éméché le présente à ses amis, des paysans à cheval le réveillent et l'accueillent tandis qu'il dort à la belle étoile. A Buenos Aires, il découvre qu'un vieil ami est homosexuel et tombe amoureux d'une jeune femme, à qui il ment aussitôt pour rejoindre Sabrina Love. Elle va le dépuceler dans une chambre à néons avec vue sur le cimetière, avant de se faire cogner dessus par le maquereau-producteur. En quelques jours et une centaine de pages, l'initiation est faite.

Daniel sait parler aux femmes et son inventeur sait décrire, utiliser les images et les rêves pour que ses récits dérapent ou s'envolent. Il sait surtout faire vivre, en quelques mots et répliques, les personnages que croise son délicat Werther. C'est un adolescent saisi dans son deuil et le sentiment extrême de sa solitude. Le voyage lui permet d'en sortir. L'auteur a précisé que lui-même, à cet âge, était un «adolescent en retard» et sans relation : «J'allais laisser mes études de médecine sans savoir ni ce que j'étais, ni ce que j'allais faire, ni quel travail serait le mien.» La poésie, et particulièrement les Vers du capitaine, de Pablo Neruda (1), lui ouvrit le chemin : «J'ai découvert la parole et l'érotisme en même temps ; et, de là, la sexualité, la sensualité et la parole sensuelle.» Sabrina Love et un bon poème ne sont séparés ­ ou unis ­ que par l'épaisseur d'une page réussie.

Datant de 2001, Tôt ce matin confirme et développe le talent de Mairal. Aucune des treize nouvelles n'est anodine. Une jeune femme apparemment infertile y brûle des années d'analyse médicale avant de rejoindre une guérisseuse dans le village d'enfance de son mari. La guérisseuse l'endort à moitié et la fait engrosser par son fils. La jeune femme n'en est finalement pas mécontente. Une professeur doit rendre compte à ses collègues, qui l'ont aidée financièrement, du voyage de sa vie effectué en Grèce : elle ment par clichés, ne disant rien de ce qu'elle a vraiment vécu et senti. Deux hommes, victimes dans leur adolescence d'un grave accident de car, sont contactés par un autre survivant, qu'ils ont à l'époque sauvés. Devenu végétarien et adepte de la méditation, il a récupéré la carcasse du véhicule pour en faire, au milieu de son parc, le «symbole» de sa nouvelle vie. Les deux autres songent à l'écraser. Dans chaque nouvelle, les personnages subissent un décalage, un désaccord : ce qu'ils pensent ou sentent ressemble trop peu à ce qu'ils vivent. Pedro Mairal s'installe dans leur fêlure ; il la décrit avec finesse, tendresse, sans mots inutiles.

Il existe une tradition de la nouvelle en Argentine : Borges, Bioy Casares, Cortazar. Ces auteurs ont révélé le quotidien du fantastique. Les textes de Mairal sont moins fantastiques que quotidiens, comme chez certains auteurs anglo-saxons. Il est d'ailleurs professeur de littérature anglaise. Il a aussi publié deux recueils de poèmes, non traduits : Des tigres comme des oiseaux et Consommateur final.

(1) Une belle édition bilingue de ces poèmes d'amour inquiet, publiés anonymement par Neruda en 1951, est éditée par La Renaissance du livre (116pp., 25 €). Traduction de Claude Couffon, illustrations de Gabriel Lefebvre.
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Diario, BUENOS AIRES HERALD, 1998

Profile
Pedro Mairal

‘It’s more than even I imagined’

By Catherine Kirby
For the Herald

Pedro Mairal is still getting used to being recognized in the street. “It is a bit like a dream.” He says. “Much more than I could have wished for or imagined”. And his imagination –he admits it- is very good.

The unimaginable event for Mairal was winning Clarin’s 1998 annual competition for novels, entered this year by the authors of 734 unpublished manuscripts, and with three heavyweight novelists on the panel: Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos and Guillermo Cabrera Infante. And thus becoming front-page news for Argentina’s top-selling daily newspaper.

We met in Pedro’s Barrio Norte apartment, which was quiet, despite being near Las Heras Avenue. In person he looks younger than his 28 years and rather less serious than in the picture here and the one inside the front flap of his winning novel Una noche con Sabrina Love -A Night with Sabrina Love. Slight of figure and soft in speech Mairal has something of the innocence, freshness and candour of his novel’s central character, Daniel.

Yet he is assured and at ease when talking of his trade, and he seems to enjoy concocting metaphors which later on will look good when written down on paper.

“I’ve been writing now for some ten years, short stories and poems,” he said. “I had one book of poems published in 1996, Tigre como los pájaros. When I began my next piece of writing I thought it would be a long short story. Half way through I realized it was turning into a novel. That scared me, but by then there was no going back. It was like swimming across a river: halfway, you realize it’s wider than you thought, but you have to get across.”

Right now Pedro continues to run writers’ workshops at home and at the Universidad del Salvador, where he needs to pass a couple more exams for his degree in literature, and where he works as an assistant teacher.

His career as a writer began with a mistake. After graduating from St.Andrew’s Scots School, he decided to study medicine. Then he started failing at every subject: biology, chemestry, maths. “I was too scared to tell my parents,” he said. “So I’d pretend I was still at University, but instead I’d go to a bar with lots of books and read. Then bit by bit I started writing... I needed to express what was going through my head. I realized that, in some way, poetry and literature were completing me. As a late-spring adolescent, I still felt rather incomplete, lost. That world started helping me tie those lost threads of my personality. ‘It’ found me and I found myself. So at around 21 I began studying literature at the University. A teacher can’t teach you to write, but you learn to become a better reader, to look for what an author does: it’s like turning over a tapestry and seeing where all the knots lie.”

The day after Una noche con Sabrina Love was announced as the winning novel, Pedro was invited to become involved en the cover design and publishing details that led to joint publishers Clarín-Aguilar’s first 20,000 copies of his story. The story of 17 -year- old Daniel from the fictitious town of Curuguazú in Entre Ríos, who finds he has won a competition to spend one night with Sabrina Love, the porn star of an X-rated TV programme. Obstacles in the way of his collecting his prize include floods surrounding his home town and above all his lack of experience in coping with the big city challenges posed by Buenos Aires. In every sense, then, it becomes an initiation.

“I loved the combination of the two themes, my love of travelling by road (“ruta No.14”) and the erotic –not eroticism for its own sake but as a celebration of life. My character leaves his hometown moved in this case by Eros, who the Greeks thought of as “the god who gets things moving. And just as this sent my character on his way, in turn it took me on my way to writing this story. It’s not a soul-searching, philosophical story, just a simple narrative, where my characters have things happen to them. It has something of the poetic, the lyrical in it, some colloquial dialogue... it is visual, it involves all five senses, so readers can almost say they experienced the story, they fill in the empty spaces I’ve left out. I’m no great character drawer –at least not yet!”

Pedro admits he’s been enjoying all the attention. It may take up a lot of his time, but the media attention has been a big learning experience for him, and any way he is sanguine and skeptical enough to believe that it is only likely to happen to him once. From the quiet creature in a corner inmmersed in writing his story, he then emerged into the public glare. The response to his book went beyond his dreams. Or was he really dreaming when Bioy Casares said to him: “I began reading your novel and I couldn’t put it down.”

Mairal reflects as only a good writer can on his own recent past. “My novel was written with no expectations, irresponsibly. Quietly. Then it made its own way, the judges liked it, and from now on things will change me, or my writing.”

Announcing literary aims is one thing. Being able to achieve them is another. And remembering his novel while listening to him talk, you can see how he has been able to fit the action to the word. “You need to know where you’re going,” he says. And as though he’d taken Eliot’s phrase, “In my end is my beggining,” as a precept, he adds: “I like to know where my hero is heading, the goal. Because the end is actually implicit, hidden in the first lines. When you’ve read the whole story, you understand why the first paragraph was written as it was.”

Unlike a novel whose outcome is known to the author, the future events in any human life are full of imponderables. But by now, Pedro Mairal, has undeniably got off to an extremely promising start.

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Diario La Nación, 27 de diciembre de 1998

CONTAR EL DEBUT

Una narración bien construida
UNA NOCHE CON SABRINA LOVE
Por Pedro Mairal

por Pablo Ingberg

Con esta novela, Pedro Mairal acaba de obtener, a los veintiocho años de edad, el premio Clarín, cuyo jurado estuvo compuesto nada menos que por Guillermo Cabrera Infante, Augusto Roa Bastos y Adolfo Bioy Casares. Mairal, profesor adjunto de Literatura Inglesa en la Universidad del Salvador, ya había publicado un libro de poemas que obtuvo una mención en un concurso de la Fundación Fortabat.

Una noche con Sabrina Love es, en la trama de la novela, el premio que el protagonista gana en el sorteo televisivo que se realiza en el programa “El Show de Sabrina Love”, cuya conductora es una porno star del cable codificado. En la escena inicial, el muchacho –un adolescente virgen de diecisiete años- está haciendo zapping a la espera del programa en el que se efectuará el sorteo. Luego de una oración introductoria, una sucesión de breves frases entrecortadas da la idea del rápido cambio de canales, en un hallazgo verbal único en el libro.

Una vez ganado el premio, el joven deja su pueblo de Entre Ríos acechado por la inundación, para emprender un viaje que lo hará pasar por distintos escenarios y circunstancias –el lugar donde murieron sus padres, un robo navaja en mano, un corte de ruta- hasta llegar a Buenos Aires. En casa de otro muchacho, homosexual y oriundo de su mismo pueblo, participará de una fiesta donde circula la marihuana y en la que conoce a una muchachita que lo cita para el día siguiente.

A las cortas pero vívidas postales de la ruta se agregarán otras, igualmente vívidas, de la gran urbe. Tras esas pruebas, el protagonista atravesará la de su debut sexual –su noche con Sabrina-, y le resultará a tal punto decepcionante que lo llevará a considerar más real la versión televisiva de la porno star (en ese truco, Mairal se anota otro poroto). Al fin, Love, prostituta buena, lo lanza ya experimentado al encuentro de un posible amor en su propio idioma: la escena con la muchachita, con esperanza de futuro incluida, que él recordará ya en el camino de vuelta al pueblo.
Fuera de unos pocos flash-backs iniciales que incorporan datos sobre el protagonista, la linealidad de la historia sólo se altera en ese capítulo final en el que se superponen el viaje de regreso y el recuerdo del encuentro con la chica conocida en la fiesta. La narración, por otra parte, está muy bien construida, con un lenguaje conciso, predominantemente informativo, y su rasgo más literario es la fina observación de los hechos, que se presentan por sí mismos, sin comentarios adicionales ni huecas estridencias.

Se trata, en suma, de una novela entretenida que, si bien se adecua prolijamente a tópicos y modalidades acordes con expectativas comerciales (editoriales) de la época, lo hace de manera inusualmente impecable.

© La Nación
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Libros

Un escritor en el prostíbulo

"Una noche con Sabrina Love" llega al cine

La historia es simple, potente y veloz. Tiene una virtud adicional: puede sintetizarse en una sola línea. Un muchacho entrerriano gana un concurso para pasar una noche con una actriz porno. Y punto. No habría que decir mucho más para explicar esta primera nouvelle que Pedro Mairal escribió hace dos años, en apenas tres meses, y con la que, por supuesto, ganó un concurso. Sin embargo, en este caso de nada sirve ser sutil, porque la realidad no lo ha sido. Así que lo primero que le digo a Mairal es cómo fue su larga noche en el prostíbulo literario argentino y lo que me contesta es tan simple, potente y veloz como su historia. Solo dice una palabra: "Ruidosa".

EL LIBRO
Una noche con Sabrina Love es un cuento largo o una novela corta, según se prefiera. Tiene dieciocho escenas que se leen de un solo trago y un estilo compacto, preciso, sin demagogias. Sujeto, verbo y predicado; adjetivos simples; diálogos secos. El lenguaje al servicio de la historia que es vertiginosa, como vertiginoso es todo el universo que muestra.

El relato es, fundamentalmente, contemporáneo. Su formato no. Con clásicos, básicos y elementales utensilios literarios, Mairal echa un vistazo a su época. Su héroe vive en un pueblo paralizado por una inundación. Es huérfano porque sus padres murieron en un accidente de tránsito. Su pasado y su presente están dominados por ese tipo de tragedias arbitrarias que solo dejan víctimas, no culpables. ¿Y el futuro? El futuro es una cuestión de suerte, una prostituta virtual que le sonríe, lejana, prometedora e inciertamente.

Hacia allí viaja Daniel Montero, el virginal héroe de Sabrina Love.

Mairal me cuenta que la idea la encontró mirando en la televisión un programa seudoerótico. La conductora sacaba un sobre y lo que estaba en juego era un viaje al Caribe. "La miré y pensé: lo que tendría que sortear es una noche con ella. Me quedé con esa idea para un cuento, pero recién encontré la trama cuando me di cuenta de que el chico tenía que estar muy lejos de ella. Todavía me acuerdo la alegría que sentí cuando descubrí eso: la distancia. Incluso pensé en situar el relato en los Estados Unidos, porque acá no hay programas con estrellas porno, pero preferí inventar a Sabrina Love y no el recorrido del chico hacia ella. No conozco las rutas de los Estados Unidos, pero sí el interior argentino. Lo recorrí en mis épocas de mochilero."

¿Y cuándo encontraste el tono del relato?

Traté de ser fiel, solo fiel a la historia. Me mantuve en un solo registro, bastante lírico, ágil, visual. La velocidad del relato estaba implícita en lo que tenía que contar. Cuando te movés hacia lo que deseás, vas en línea recta. Sabés lo que querés y no zigzagueás. Daniel Montero va derecho a Sabrina Love y eso le tenía que dar una linealidad total a la primera parte del relato. Es como la linealidad del deseo y, al mismo tiempo, la de la ruta que recorre desde Entre Ríos a la Capital. Por eso no podía haber flashback ni saltos en el tiempo. Ahora, una vez que sucede el encuentro y se deshace la tensión de ese deseo, hay un relajamiento. Por eso aparece en el último capítulo la superposición de dos tiempos narrativos: su regreso en ómnibus al pueblo y los recuerdos de su último día en la Capital.

Pero al estilo de un zapping.

Exactamente. Como el zapping que relato en las primeras páginas, nada más que esta vez en lugar de desfilar escenas de la pantalla, desfilan sus recuerdos. Su nueva realidad.

EL PREMIO
Un año antes de que Pedro Mairal se convirtiera en el Premio Clarín de Novela 1998, los concursos literarios se habían dedicado a consagrar escándalos. El primero había tenido como protagonista a Federico Andahazi, con un relato que escandalizó a Amalita Fortabat porque incluía la palabra clítoris. El segundo opacó la excelente novela de Ricardo Piglia, obligado por Editorial Planeta a concursar, a pesar de haber firmado ya el contrato para editar Plata quemada. Quizá por casualidad, detrás de estos dos autores, estuvo un mismo hombre, Jorge Schavelzon. Quizá también por azar o bien para aprovechar el vacío de prestigio que siguió luego de los escándalos, Clarín se apuró en presentar su nuevo concurso, seleccionando un jurado que espantara sospechas: Guillermo Cabrera Infante, Augusto Roa Bastos y Adolfo Bioy Casares. Lo cierto es que Mairal presentó los originales de Sabrina Love en el momento justo y en el lugar indicado. Y si la oportunidad hace a la suerte, la suya fue casi milagrosa. No presentó Sabrina Love al concurso de Planeta porque la extensión requerida era de 200 páginas y su original arañaba las 152 páginas, apenas dos más de las que fijaba el concurso de Clarín.

Cuando lo consagraron ganador, el fallo resaltó "la frescura que recorre toda la novela, la originalidad de su trama, lo certero de sus observaciones y su sentido del humor", pero fue el especial entusiasmo de Bioy el que lo convirtió en un nuevo niño mimado. El único autor local que durante casi tres meses contó con una página de publicidad semanal en el diario de mayor tirada.

¿También tu viaje hacia la literatura tuvo la velocidad del deseo?

Fueron más bien pequeños golpes de timón que me fueron llevando hacia allí. Pequeños, pero contundentes. Hasta que en mi vida apareció la literatura yo era un inútil.

De Daniel Montero también podría decirse eso.

Sí, y si bien hay cosas mías en la novela no estoy todo yo. A Daniel Montero lo traté más como el hermano menor que no tuve.

¿Y cómo eras vos a los 17 años?

Triste. Fue una época muy triste. La vida de alguien que tiene una vocación muy fuerte, antes de haberla encontrado, es horrible. Y en la novela yo quise reflejar esa soledad.

¿Cómo desapareció esa soledad?

Como no me animaba a decir en mi casa que había abandonado la carrera de medicina, iba todas las mañanas al bar de la facultad a leer. Ahí empecé. Con Borges, con Cortázar, con los intentos de escribir y descubrir ese lugar donde podía meter todas mis contradicciones, a atar mis cabos sueltos, a convertirme en una persona.

¿Y por qué no te animabas a decirles a tus padres que no querías ser médico?

Porque vengo de una familia bastante prolija, con tradición en carreras fuertes: derecho, medicina, administración de empresas. La literatura no era un modelo de vida. Cuando finalmente le dije a mi viejo que iba a estudiar letras me contestó: mi padre hubiese dicho que esa es una carrera para mujeres, pero yo no te lo voy a decir.

¿El premio fue tu mejor respuesta?

Al principio, creo que con tal de que yo estudiara algo ya estaba contento. Ahora, se enorgullece.
LA PELICULA
Una noche con Sabrina Love vendió hasta ahora 20.000 ejemplares y una nueva edición espera alargarle la vida comercial otro tanto. La editorial ya ha maquillado la tapa con una foto de la actriz Cecilia Roth, la porno star de la película que el director Alejandro Agresti está preparando a toda velocidad para golpear la taquilla adolescente en época de vacaciones de invierno.

A Mairal la versión cinematográfica de su historia lo incomoda. Solo pide algo: que el director se haya animado a exorcizar el relato hasta hacerlo propio. Cuando le pido un ejemplo de una película que lo haya logrado, no piensa más que en una: Muerte en Venecia. Como también es mi favorita no me atrevo a contradecirlo, ni a consolarlo. Visconti se tomó el trabajo de bordar allí con imágenes lo que Thomas Mann había cosido con palabras y de toda la película recuerdo muchas bellas estampas, pero solo una frase: "Detrás de toda tendencia solo se esconde mediocridad".

La tendencia aquí es convertir a un joven escritor premiado en un fatigado asistente a tertulias y mesas redondas. Mairal no es la excepción. Desde hace dos años recorre ferias y conferencias con el rótulo de consagrado, mientras en los ratos libres trata de ganarse el pan dando clases de redacción en estudios jurídicos: ayuda a abogados a poner en castellano el obsoleto dialecto judicial. "Estoy tratando de recuperar mi silencio", me dice, como si todo el ruido del mundillo literario lo alejara de lo que más necesita. Recuperarse de la resaca, alejarse del prostíbulo y volver -como Daniel Montero- a ese pueblo de ficción donde no hay festejos. Solo historias.

Mairal trata de explicarme entonces cuál es ahora su verdadera condena. "Soy cuentista", dice. "Mi próximo libro serán cuentos", repite. Y hay algo escondido en ese rótulo, un lamento o una resignación, que no alcanzo a descifrar. "Los editores dicen que los libros de cuentos no venden", me dice entonces. Le menciono que la lista de best- sellers la encabeza Paulo Coelho, le recito la frase de Visconti y le recuerdo que las prostitutas no lo hacen por amor, sino por plata. No conviene, entonces, escucharlas.

Como para espantar la mala suerte, Mairal me devuelve una pregunta:

¿Sabés qué voy a hacer si no me gusta la película?

¿Qué?

Voy a escribir un cuento en donde un escritor asesina a un director. Porque para eso sirve la literatura. Para calmar angustias, inventar consuelos y tener siempre a mano una esperanza.

Por Silvia Schwarzböck
Publicado el 10/06/2000
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"La novela de Pedro Mairal es un relato de iniciación. Sexual en la trama, geográfico en el estilo. Un adolescente baja a Buenos Aires para debutar con la mujer de sus fantasías -la diva porno del título- pero la aventura que el viaje le propone se hace épica por el protagonismo de la ciudad. El libro es el monólogo de una mirada que descubre y sueña, una mirada sincera pero no necesariamente ingenua, fresca pero no exactamente virgen. Esa mirada tiene mucho en común con la del Rulo en Mundo grúa, o la de los protagonistas de Modelo 73 de Rodrigo Moscoso: atenta a los personajes y a las cosas, sensible al placer, temerosa del dolor. Esa mirada define al personaje y es la única guía del lector, el único punto de vista del libro y la que le da fuerza y consistencia a la historia. En eso también se acerca a cierto cine argentino reciente, en la fidelidad a esa aproximación subjetiva, ajena a un saber que señala verdades o saca conclusiones desde una altura superior a la del personaje".

Quintín, "Buenos Aires Versavice", Revista EL AMANTE, Buenos Aires, 10 de julio de 2000

Sabrina Love - Capítulo 1 (en inglés)


ONE NIGHT WITH SABRINA LOVE


By Pedro Mairal
Translated by Joanna Richardson




CHAPTER ONE




As the Sabrina Love Show had not yet started, Daniel zapped his way up and down the sixty channels of the illegally connected cable TV, letting the images flash past him. A newsreader, the bottom of the sea, some giraffes, a car chase, Venezuelan women talking, volcanic lava, the motorways at dawn in Spain, a man looking terrified, hands decorating a cake. Let us see th. You’ll never be able. Le plus belle du mon. Solute disaster. Allóra il vècchio. A great cut. The plains of. Stop it, Laura. A single story at full speed where the sun from the weather map shone on the documentary about lions in Kenya that were showing their teeth in exactly the same position as the American couple on the porn channel who were also showing their teeth and closing their eyes as though they wanted to forget the picture on the news of those Iraqis who were pointing their machine guns at the Argentinian goalie who fell to his knees and raised his arms because he knew he would be shot and saw his whole life in an instant starting with the cartoons he used to watch as a kid. A never-ending story that Daniel tried to speed up as though he could shorten the time until Sabrina Love’s programme. He only lingered over a couple kissing as they undressed in the blue shadow of a B movie, hoping to postpone the shot of the fireplace melting into the front of the building the next day where the actress was making a great effort to pull the sheets up to her neck.

The light from the television made the room look big, then small, then big again, it even gave the naked women in the posters on the walls strange expressions. The posters were all wrinkled and damp from the rains that had broken the banks of the Paraná River flooding the provincial highway that linked the city of Curuguazú with Buenos Aires. The heat of the night was like the breath of an immense animal. Sitting on the edge of the bed, Daniel swatted mosquitoes and switched channels pressing the buttons of the decoder with a knitting needle. When he got stuck into some programme he buzzed the knitting needle in the air like a pendulum, without looking away from the screen. In his other hand he held a piece of paper with a number on it: 2756. From time to time he stopped at the adult channel. Now two women were licking each other for ages by a swimming pool. He had seen this one before. There were still two more sex scenes to come, not to mention the dialogues in between and then, finally the Sabrina Love Show.

He left the room and locked the door with a key he kept in his pocket. He crossed the dark yard with his gangly teenage walk, as though his skeleton were two sizes too big. He could hear the dogs on the block barking in the hot darkness. He went into the kitchen, opened the fridge and held it open, feeling the cold, looking at the jars and the leftovers. He took out nothing more than a bottle of water and closed the fridge. Then he heard the short steps of his grandmother and the two-step of her Zimmer frame.

‘Daniel dear, is that you?’

‘Yes, Granny.’

‘What are you doing up so late?’

‘I was thirsty.’

In the shadow he saw her come slowly forward, with her bent over body and skinny arms that still had just enough strength to move the Zimmer frame.

‘D’you want me to get you something to eat?

No, Granny, I’ve got to go back to sleep.’ He said taking big gulps of water.

‘Are you working tomorrow?’

‘Yes, in a couple of hours, at five.’

‘Well, Daniel, you’re such a night owl, always up. Your mother used to say that you were born…’

‘...with my eyes open.’

‘Yes, with your eyes open. Try to sleep a little,’ she said and brushed his fringe to the side affectionately.

Daniel did not shrug her off, but said a hasty ‘good night’ and hurried back into the yard.

‘Daniel, dear, your sister’s coming to clean tomorrow afternoon, don’t lock your door.’

Daniel went back into his room and bolted the door from the inside.

He sat down on the edge of the bed. The Sabrina Love Show was about to start. The introduction, with bubbly music, gave a potpourri of different images of her in special get ups to satisfy the most diverse erotic fantasies. She was a tall blonde with hair like an electrocuted Danish woman, red lips bursting out of her face, generous breasts and wide hips that made her look like a voluptuous mare enjoying the sun when she lay down on the bed. Today she was hosting her programme from the Jacuzzi. Her guest tonight was the sex-symbol actor of the moment. She invited him to get in with her for an interview which would make him thoroughly uncomfortable with all sorts of innuendoes, outrageous reports from porn shops, sexologists giving their opinions, fragments of her in different porn films, answers to her mail with useful advice for the bedroom, all done in a tone of matchless innocence and cheer. “And now, my darling mammals,” she would say, pressing her breasts together with the her forearms, “Let’s get down to the business everyone is waiting for: the raffle to see who will spend one night here with me at the Keops hotel, just the two of us alone with the heat of our passion.” Then she crawled, in a suspender belt and black corset, over a mountain of pieces of papers that overflowed from a gigantic acrylic tank. “How many men …,” she said as she stirred the papers up, “ and from what they say in Production, women too, so this could be a surprise.” Daniel looked at his number.

He had rung a month ago when he had first managed to see her programme, after carrying out a clandestine operation. It had all started the afternoon he had gone up onto the terrace to fix the antenna for the local TV station and had seen a new blue cable on the neighbour’s wall going into the house next door : it was the cable TV that had only just arrived from Buenos Aires. Not many people in Curuguazú had it. That dawn he made an illegal connection with a coaxial cable and took it down to his room. All he needed now was a television set. He could not take his grandmother’s set, as it would deprive her of her only means of entertainment. He went to see Old Carboni who was well known for selling goods that had fallen off the back of a lorry. Near the allotments, in a warehouse full of old bits of cars and used household appliances, he bought a television with a loose tube and a decoder for half his pay packet.

‘Just tighten this up a bit, connect these couple of wires inside and Bob’s your uncle. The decoder’s almost new. There’s no remote control, though’.

‘Can I really watch all the channels with this? asked Daniel, with the set in his arms.

‘Yeah, you can watch the porn channel too,’ said Old Carboni. He sent him off, closed the warehouse door and outside on the dirt track Daniel heard him yell out mockingly:

‘You’ll go blind, kiddo!’

But he knew that wasn’t true. That afternoon he fixed the television set, took the decoder apart to see how it worked and put it back together again. That night, with everything plugged in, once he had recovered from the initial shock of the images on the adult channel, he realized that he would no longer need to feel ashamed about buying dirty magazines at the bus station newsagent, with photos of women that needed his imagination to make them move. From now on a continuous erotic current would bring all those bodies in all their positions, panting direct to his room, and he gave himself up happily to a summer orgy of masturbation which, far from making him go blind, for the first time made him see the most hidden secrets of his existence.

When he saw the Sabrina Love programme and heard about the competition, he rang the 0600 number on the screen and, after leaving his details, a recorded voice dictated the number he now held in his slightly trembling hand. He watched as Sabrina Love mixed up the pile of papers and said, “It’s a pity I can’t satisfy you all, my darlings. Now I’m going to ask the boys in Production to throw the papers in the air and the one that falls into my cleavage is the winner.” Two muscled guys helped her up and began throwing great handfuls of papers into the air that fell on her like a storm, while she wiggled her shoulders so that her breasts rose until, finally, a little piece of paper fell into her black lace bra. She waited for the other pieces of paper to settle. She looked down at the piece of paper, then at the camera, picked it up and said “Let’s see who this naughty boy is. Well. We’re going to spend an unforgettable night together, just the two of us at the Keops Hotel, fully paid. Me, Sabrina Love, the first Argentinian porno star and...” Daniel looked at his number: 2756. “Oh, how cute! I won’t say his name just in case there’s a jealous wife out there, but it is a man and his lucky number is two thousand seven hundred and fifty-six.” Daniel stood up, he thought perhaps that he had heard wrong. Sabrina Love celebrated dancing to the sound of a velvety sax and then she said: “The winner must get in touch with Production within the next 24 hours. We won’t call because perhaps the winner would rather it were a secret between the two of us. So, Mister Two thousand seven hundred and fifty-six, my darling, my sweet, I’ll be waiting for you to do everything you ever imagined and more. Meanwhile I’ll keep you warm right here.” She tucked the piece of paper back into her cleavage and closed the programme with her usual strip tease routine.

Daniel stood stock still, with his hands on his head. Then he looked around the room and smiled nervously. The credits of the Sabrina Love Show were rolling. He turned the television off. He got into bed fully dressed and pulled the covers up over his head. He could not believe it. He was silenced, scared. The distant crowing of a cockerel hinted at an end to the dark summer’s night.