La furia, de Silvina Ocampo






En este capítulo quedo atrapado en el mundo de Silvina Ocampo y me encuentro con Gaby Bejerman, Matilde Sánchez y Jorge Torres Zavaleta. Actuación estelar de Hadouken, el perro de Juan Sáenz Valiente.

Misteriosa Buenos Aires, de Mujica Láinez



En este capítulo leo los cuentos de Misteriosa Buenos Aires en el orden inverso y eso me pega raro.
Entrevistados: Ernesto Schoo, Alejandra Laera, Daniel Schavelzon

Cuentos de locura de amor y de muerte, Quiroga

Impreso en Argentina II: Cuentos de amor de locura y de muerte from Eternauta Dos Mil Uno.

En este capítulo me pierdo en la selva Misionera.
Entrevistados: Jorge Lafforgue, Soledad Quereilhac y Néstor Ríos.

El Aleph, de Borges



En este capítulo Juan encuentra un aleph en su casa.
Entrevistados: Martín Kohan, María Esther Vázquez y Carlos Gamerro

Rayuela, de Cortázar

En este capítulo armamos nuestra propia versión de Rayuela y entrevistamos a Fabián Casas, Sylvia Iparraguirre y Aníbal Jarkowski.

Impreso en Argentina II: Rayuela from Eternauta Dos Mil Uno.

Enero, de Sara Gallardo

Impreso en Argentina II: Enero from Eternauta Dos Mil Uno.

En este capítulo, para convertir la novela de Sara Gallardo en historieta, nos metemos con Juan en el campo.


Impreso en Argentina

Ya empezaron a dar en Canal Encuentro el programa Impreso en Argentina donde estoy con mi coequiper el dibujante Juan Sáenz Valiente. En cada capítulo transformamos un libro del siglo XX argentino en su versión de historieta. Abajo la lista de los capítulos que van a ir apareciendo.

La invención de Morel, de Bioy Casares
El juguete rabioso, de Roberto Arlt
Misteriosa Buenos Aires, de Mujica Láinez
El entenado, de Juan José Saer
Cuentos de locura de amor y de muerte, de Horacio Quiroga
Rayela, de Cortázar
El Aleph, de Borges
Los pichiciegos, de Fogwill
La furia, de Silvina Ocampo
Enero, de Sara Gallardo
Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal
Boquitas pintadas, de Manuel Puig
El túnel, de Sábato


Luis Chaves me retrata de pies a cabeza

El oído absoluto (Revista Paquidermo)

Luis Chaves

Las noches de jueves jugábamos fútbol 5 (a veces fútbol 7) en un club cerca del Abasto en Buenos Aires. El Open Gallo. Era un grupo de escritores reunidos por el deporte rey. Funes era el crack. Muchos otros (Llach, Incardona, Casas, Zaidenwerg) tenían pasta de mejengueros. Yo me encontraba, creo, en la fila estándar. Y luego estaba el par que iba por amistad y entusiasmo pero que caminaban sobre patas de palo. Una vez llegamos nueve más uno que iba solamente a tomar fotos, vestido de civil. Se vio obligado a incorporarse para completar los equipos. Sus jeans y camisa fueron como un pilot fosforescente, el neón que lo seguía durante el partido señalando al lagarto enyesado. Les presento a Pedro Mairal [SIGUE ACÁ]

Grabando el programa de Horacio Quiroga


El mudo de Berlín

Tengo un día en Berlín antes de volver. La hipertrofia vincular de la Feria del Libro de Frankfurt me quemó la simpatía, la capacidad de sonreír, de interesarme por el prójimo literato, el prójimo editor, el prójimo periodista. Me subí al tren y ya no hablé con nadie más y llegué mudo a Berlín ... [SIGUE ACÁ]

Mairal y sus mujeres

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(La entrevista entera que me hizo Ana Prieto para Gataflora preguntándome sobre mis personajes femeninos)
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Por Ana Prieto
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María Valdés Neylan de El año del desierto, su alter ego bloggero Adriana Battu, la adolescente Karina Durán, y los narradores omniscientes que relatan un momento crucial en la vida de una mujer, se mueven en la prosa de Pedro Mairal con tanta naturalidad que ni él es consciente de los mecanismos que pone en juego para darles vida. El premio Clarín Novela 1998, el invitado a Bogota 39 como uno de los mejores escritores jóvenes del país, el poeta que se escondió tras los Pornosonetos, cuenta lo que no sabe cómo cuenta. [SIGUE ACÁ]
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Cuando calienta el sol

Pedro Mairal

Acá estamos, en bermudas o shorts o bikinis o grandes mallas enterizas que intentan atajar la fofez, lo mofletudo de uno, el excedente, el tejido adiposo, lo liposuccionable que acarreamos con nosotros... [SIGUE ACÁ]

O hipnotizador pessoal

Antônio Xerxenesky tradujo mi cuento "El hipnotizador personal" al portugués:

O hipnotizador pessoal

Há dez anos, em uma oficina literária, conheci uma garota que tinha muita grana. Melhor dizendo, seus pais tinham muita grana. Não se chamava Verônica, mas vou chamá-la de Verônica por discrição, embora ela não more mais na Argentina.... [SIGUE ACÁ]

Pedro Mairal - 2010

foto: alejandro guyot

Entrar en librerías

por Pedro Mairal

Entrar en librerías, últimamente, me da mucha ansiedad. Trato ahora de entender las causas y noto que son varias y algo difusas...

Lycée

p.mairal

A veces lo que más me termina gustando de los viajes a congresos literarios es cuando me llevan a escuelas o liceos. Porque en los lugares más académicos y universitarios suele haber un speech preparado de antemano, una serie de conceptos ya dispuestos para que el invitado llegue y calce dentro, sin sorpresas. En cambio en los colegios siempre surgen temas inesperados, la curiosidad está en el aire, incluso la posibilidad de no lograr ningún tipo de comunicación con los estudiantes y pasarla mal. Esa sensación de que nada está dado por sentado te mantiene alerta. En Francia, hace un mes, estuve en el Lycée Jean-Puy en Roanne. Los chicos hablaban un poco de castellano y yo un poco de francés, y ahí, a mitad camino, pudimos entendernos. Hablamos de la poesía que mete su época dentro del poema, de la necesidad de usar la literatura para la propia experiencia y viceversa, de la dificultad de elegir a los 17 años lo que querés hacer el resto de tu vida, y varios temas más. Les mando un saludo muy grande a todos ellos y a la profesora Marie-Noëlle Metton-Bourchei.


El viernes 6 estuvimos en Montevideo...


...presentando una antología de Pornosonetos de Ramón Paz, publicada en la editorial uruguaya "La propia cartonera". En la foto estoy con Germán Borelli y Horacio Cavallo que presentaban su libro conjunto "Lo que cae del ciruelo". Gracias a Gonzalo Ledesma, Diego Recoba y todos los demás que llevan adelante el proyecto. Diluviaba pero igual la gente fue cayendo. Después hubo rocola y bailongo, y más tarde en la barra un viejo, al que le decían Gardelito y que bolaceaba lindo contando anécdotas de su vida, largó el mejor comienzo de la literatura fantástica: "Una vez yo estuve muerto diez días", empezó.