Dentro del poema - agosto 2014

Taller de lectura de poesía 

Coordinado por Pedro Mairal y Alejandro Crotto
Del 7 de agosto al 30 de octubre
Los jueves a las 19hs, en Callao 868 - Usina Creativa Callao

Programa

1. Giannuzzi - Gonzalo Rojas
2. Fabián Casas - Sergio Raimondi 
3. Haiku
4. César Mermet
5. Pablo Neruda
6. Poemas sobre animales
7. Héctor Viel Temperley
8. El soneto
9. Ted Hughes y Silvia Plath.
10. Canto V del Infierno de Dante
11. García Lorca.
12. César Vallejo

info: tallermairal@gmail.com


El gran surubí - Les rêveurs

Pedro Mairal, romancier et poète argentin – Salvatierra et L’intempérie aux éditions Rivages – est l’auteur de cette histoire illustrée par Jorge González, dessinateur argentin – Chère Patagonie et Bandonéon aux éditions Dupuis.
Dans une argentine affamée, de jeunes gens se font enrôler de force dans l’armée pour pêcher d’horribles poissons chats surubies afin d’assouvir la faim des habitants de Buenos Aires. Un Surubi géant, une sorte de Moby Dick devient la proie de ces pêcheurs par défaut qui survivent dans cet enfer militaire. Humiliation, terreur, survie, horreur, tant de thèmes qui sont évoqués dans ce texte à l’os par l’écrivain Pedro Mairal.
Les illustrations de Jorge Gonzalez saisissent magistralement l’ambiance inquiétante et surnaturelle de cette cauchemardesque partie de pêche écrite en soixante sonnets.
- See more at: http://www.editionslesreveurs.com/articles/1770/nouveaute-el-gran-surubi-de-jorge-gonzales-editions-les-reveurs/#sthash.pQ74jQvs.dpuf


Pedro Mairal, romancier et poète argentin – Salvatierra et L’intempérie aux éditions Rivages – est l’auteur de cette histoire illustrée par Jorge González, dessinateur argentin – Chère Patagonie et Bandonéon aux éditions Dupuis.

Dans une argentine affamée, de jeunes gens se font enrôler de force dans l’armée pour pêcher d’horribles poissons chats surubies afin d’assouvir la faim des habitants de Buenos Aires. Un Surubi géant, une sorte de Moby Dick devient la proie de ces pêcheurs par défaut qui survivent dans cet enfer militaire. Humiliation, terreur, survie, horreur, tant de thèmes qui sont évoqués dans ce texte à l’os par l’écrivain Pedro Mairal.
Les illustrations de Jorge Gonzalez saisissent magistralement l’ambiance inquiétante et surnaturelle de cette cauchemardesque partie de pêche écrite en soixante sonnets.





Pedro Mairal, romancier et poète argentin – Salvatierra et L’intempérie aux éditions Rivages – est l’auteur de cette histoire illustrée par Jorge González, dessinateur argentin – Chère Patagonie et Bandonéon aux éditions Dupuis.
Dans une argentine affamée, de jeunes gens se font enrôler de force dans l’armée pour pêcher d’horribles poissons chats surubies afin d’assouvir la faim des habitants de Buenos Aires. Un Surubi géant, une sorte de Moby Dick devient la proie de ces pêcheurs par défaut qui survivent dans cet enfer militaire. Humiliation, terreur, survie, horreur, tant de thèmes qui sont évoqués dans ce texte à l’os par l’écrivain Pedro Mairal.
Les illustrations de Jorge Gonzalez saisissent magistralement l’ambiance inquiétante et surnaturelle de cette cauchemardesque partie de pêche écrite en soixante sonnets.
- See more at: http://www.editionslesreveurs.com/articles/1770/nouveaute-el-gran-surubi-de-jorge-gonzales-editions-les-reveurs/#sthash.pQ74jQvs.dpuf
Pedro Mairal, romancier et poète argentin – Salvatierra et L’intempérie aux éditions Rivages – est l’auteur de cette histoire illustrée par Jorge González, dessinateur argentin – Chère Patagonie et Bandonéon aux éditions Dupuis.
Dans une argentine affamée, de jeunes gens se font enrôler de force dans l’armée pour pêcher d’horribles poissons chats surubies afin d’assouvir la faim des habitants de Buenos Aires. Un Surubi géant, une sorte de Moby Dick devient la proie de ces pêcheurs par défaut qui survivent dans cet enfer militaire. Humiliation, terreur, survie, horreur, tant de thèmes qui sont évoqués dans ce texte à l’os par l’écrivain Pedro Mairal.
Les illustrations de Jorge Gonzalez saisissent magistralement l’ambiance inquiétante et surnaturelle de cette cauchemardesque partie de pêche écrite en soixante sonnets.
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The Best Books of 2013

"The Missing Year of Juan Salvatierra", entre los 10 mejores libros del año en USA:


El equilibrio









Contratapa

Santiago Llach

Iluminaciones en la noche de los countries; la voz de Tinelli, banda de sonido de la argentinidad; la falta de autos en la literatura nacional; la playa, pasarela de las carnes triunfales o vencidas; el taxista invasor de la intimidad; el zoológico como espacio para ejercer el narcisismo familiar; la educación de un hombre entre mujeres superpoderosas con forma de arenga; Maradona, cazador amazónico; los locutorios, zonas de acumulación de microbios y de historias orales; el aburrimiento que le produce a un escritor la cultura libresca; una micropoética de los casos policiales: todo ello es descrito con el ojo preciso y sencillo de Mairal.

El equilibrio es una selección de columnas publicadas en el periódico Perfil. Pedro Mairal inventa con ellas un género, en la justa mitad de camino entre las aguafuertes callejeras de Roberto Arlt y los breves ensayos de laboratorio de Jorge Luis Borges. En conjunto, el libro arma un panorama hecho de epifanías sobre la Argentina de principios del siglo XXI.

Pedro Mairal es para mí un escritor ejemplar. Su virtud más notable es digna de envidia: se las arregla para producir felicidad en el lector. Cada uno de los pequeños tratados que contiene El equilibrio ofrece una perspectiva original sobre un aspecto de la vida contemporánea. No es fácil la empatía para los ensayistas; Mairal la logra, quizás porque lo que vende no es ideología.

El primer texto, homónimo del libro, habla de un padre que le intenta enseñar a su hijo a andar en bici, a hacer equilibrio. Como metáfora soave del futuro que encarna al pasado, de ese pase de postas triste y bello, de una generación a otra, en que consiste la “supervivencia mamífera”, el libro contiene un prólogo del padre de Pedro e ilustraciones de su hijo.

Mairal tiene esa virtud de los verdaderos poetas que es elevarse por encima de las candorosas batallas de la época, sin dejar de ofrecer por ello un retrato supremo de la misma.




"El Gran Surubí" en libro
















Ya está a la venta mi novela en sonetos ilustrados por Jorge González, en la tienda Orsai. Un libro de tapa dura. Lo envían a todo el mundo.

Audio del capítulo I
Reseñas

El gran surubí

Pedro Mairal

Escribí una novelita en sonetos que se llama “El gran surubí”. La historia ocurre en una Argentina de pesadilla. El país se quedó sin carne y hay poca comida. En medio del caos, el Ejército recluta a los varones mayores de edad. Los saca de sus casas, de los bares, de donde sea. Los arrastra a empujones, los uniforma y los obliga a pescar. En los afluentes del río Paraná crecieron surubíes enormes que son atrapados por gomones de Gendarmería y suministrados a los habitantes del conurbano.

En las profundidades viscosas, además, existe un surubí gigante (una especie de Moby Dick) que todos los Regimientos quieren pescar como trofeo. Los soldados pasan hambre, frío, tienen sexo entre ellos, pescan de noche, mueren ahogados, quieren escapar.

“El gran surubí” está escrito en seis capítulos de diez sonetos cada uno, ilustrados por Jorge González. La revista Orsai lo fue publicando como folletín en los números del 2012. En orsaipad hay una versión con el audio leído por mí, para iPad y iPhone. En 2013 sale el libro en papel. Va un video con el avance del audio y los dibujos del Capítulo I.


 




La lira y lo berreta

(Revista Llegás, mayo 2013)

PEDRO MAIRAL PRESENTA EL GRAN SURUBÍ, SU NUEVA NOVELA ESCRITA EN SESENTA SONETOS Y CON ILUSTRACIONES DE JORGE GONZÁLEZ, UNA JOYA DE LA EDITORIAL ORSAI. 

“nos llevaron en fila hasta el vestuario
y llenaron de a poco una planilla
nos dejaron tomar de la canilla
después de contestar un cuestionario
grupo sanguíneo edad nombre de pila
profesión estatura enfermedades
estudios y demás formalidades
nos vieron con linterna la pupila
nos hicieron quedarnos en pelotas
nos palparon la verga y el prepucio
era un médico trucho medio sucio
de anteojos y gomina y mangas rotas
nos miraron el culo los sobacos
y el médico gritó vístanse flacos”




El gran surubí Cap. I Soneto VIII



















Un soneto me manda a hacer Violante;/ que en mi vida me he visto en tal aprieto;/ catorce versos dicen que es soneto,/ burla burlando van los tres delante, escribía Lope de Vega en un intento bastante pedagógico de explicar qué es el soneto. Después de Pornosonetos (Vox, 2005), Mairal vuelve a retomar la tradición de los catorce versos de once sílabas. Pero esta vez, adentro de esa forma poética tan célebre como rigurosa, el escritor derrama rareza, humor, incorrección, lenguaje berreta y todo el barro del Río de la Plata. En seis capítulos de diez sonetos cada uno, El gran surubí narra la historia de Ramón Paz, un poeta que junto a un grupo de amigos se convierte en recluso de una extraña industria pesquera militar y es trasladado a la isla Martín García. La sordidez y la violencia se entremezclan con puteadas, referencias a Tinelli y los Simpsons, y todo eso corre en redondo y sin bozal adentro de los barrotes metálicos del soneto. Claro que ahí adentro también nada el surubí, ese pez gigante, casi mitológico, que con su fuerza de titán de río logra arrastrar la historia siempre un poco más allá. 


¿Cómo surge El gran surubí?

Desde que se me ocurrió la historia hasta que empecé a escribirla pasó mucho tiempo. La historia la pensé en el 2007, como una idea para una novela. Me acuerdo que dibujé un bagre y al lado unos tipitos de menor tamaño, nadando al costado. La escala era rara, no sabía si el tamaño del pez era el real o si lo real era el tamaño de los tipitos. Y creo que de ahí saqué la idea de ese pescado gigante de río. Me gustaba la idea de una historia que empezara con unos amigos de fútbol que una noche en una leva los levantan y se los llevan, algo así como el principio del Martín Fierro. 


¿Cómo entran en este proyecto Hernán Casciari y Chiri Basilis, los editores de la revista y la editorial Orsai?

Un día Casciari y Chiri vienen y me piden que escriba una columna para cada uno de los seis números de la revista Orsai del 2012. Entonces a mí se me ocurrió que podía hacer una novelita por entrega y que podía escribir sobre esa especie de Moby Dick, pero cuando faltaban dos días para entregarles el primer capítulo todavía no me había salido nada y me di cuenta que lo que me costaba era eso de tener que explicar. En la prosa tenés que explicar muchas cosas, como hay espacio no hay nada que te demande sintetizar. Tenés que explicar quién es el personaje, en qué barrio vive, cuál es su background. En cambio, en la poesía no. Aunque parezca paradójico, encerrarme en la cajita del soneto es una liberación porque ya no tengo que explicar nada. Creo que la poesía me ayuda a ubicarme en el espacio de lo incuestionable porque lo que no está lo completás vos, está en tu cabeza.


¿Qué otras posibilidades expresivas encontrás en el soneto?

Lo lindo de trabajar con una forma tan rígida es que ella dialoga con vos, es como una escritura de a dos porque vos proponés una idea y la forma te dice “bueno, a esta palabra la podés rimar con esta otra”. Es como jugar con el frontón, la forma te devuelve la pelota y te destraba. La prosa es como una especie de salitral donde no hay límites, ni reglas. A mí esa falta de bordes a veces me termina encerrando en una mudez, porque todo se puede decir. La forma sirve para ayudarte a hablar, para ayudarte a caminar.


Ya con el rigor de la forma asegurada, con lo que resta te permitís crear un espacio bien lúdico, hasta irreverente, ¿se puede decir que es así?

Adentro del soneto vale todo, ahí voy a detonar todo lo que soy, con todas las cosas vergonzantes, la violencia, la misoginia, lo berreta, palabras no prestigiosas, el humor. Como ya lo clásico está dado por la forma, entonces ahí meto lo que venga y que se compacte en la forma del soneto. Después, adentro de esa estructura tan rígida, me divierto con esa tensión que se genera entre el soneto y lo berreta. Me parece que se sacan chispas esas dos cosas. 
Sí, uno se imagina que te divertiste mucho escribiendo esta novela.

Me encantó escribir El gran surubí. Hay mucho miedo al humor en la literatura, ¿viste? Como que el humorista está en una escala menor en el prestigio literario. A mí me gusta meter esas cosas, además el humor está en la literatura argentina. Borges a veces es muy gracioso... También me gustó descubrir que tenía todo eso en la cabeza, poder meter toda la experiencia entrerriana, el río, cositas de Juan L. Ortiz, como ese verso que habla de un pajarito parado en un junco. Lo escribí como en un estado de gracia y me ayudó mucho esto de tener que ir entregándole a Orsai. Igual, sabía que no podía dejar pasar demasiado tiempo entre un capítulo y otro porque estaba en un estado raro de escritura, como esos enviones que hay que aprovecharlos. Lo escribí en un mes y medio. Un capítulo, es decir, diez sonetos por semana. 



¿Cómo fue trabajar con Jorge González, el ilustrador?

Cuando terminaba un capítulo se lo mandaba y él me enviaba de vuelta las ilustraciones que iban para cada soneto. No lo podía creer, me provocaba y me sigue provocando un estado de euforia mirar sus ilustraciones porque es como ver más allá de las palabras que vos escribiste. El laburo de Jorge González le subió la apuesta a las imágenes que de por sí la historia ofrecía, le dio rareza a lo que ya era raro. Lo bueno es que sus imágenes no se pisan con las imágenes que despiertan la lectura.


A raíz de esta novela, como de algunos de tus libros publicados anteriormente, además del viaje y la transformación, pareciera que tus historias no pueden transcurrir en espacios netamente urbanos, ¿no?

Sí, es raro eso, yo me pregunto qué me pasa espacialmente en la narrativa. Me doy cuenta de que en casi todo lo que escribo hay una transición de un lugar a otro. Casi siempre la ciudad aparece como algo cerrado, medio claustrofóbico y yo creo que tiene que ver con una experiencia personal. Me crié en un departamento hasta que a los once o doce años empecé a ir a Entre Ríos y me explotó la cabeza. De repente me iba con unos gauchos medios antiguos a carnear una vaca muerta en el medio del campo. Fue una conexión con lo material, con los ciclos de vida y muerte, con la naturaleza… meterte de golpe en un mundo más auténtico, primitivo, sagrado, animal. Para mí fue muy fuerte ese paso y me gusta que a mis personajes les pase algo parecido.


MERCEDES CABRERA

La última vuelta a la gauchesca - Revista Ñ

por Gabriela Cabezón Cámara

(Revista Ñ, 28 de diciembre de 2013)

 Con “El gran surubí”, Pedro Mairal se convirtió en uno de los autores más originales de la literatura argentina. Aquí, se explica por qué.

 

 Profundamente político y también lúdico, absolutamente contemporáneo y a la vez enraizado en lo que fue el primer movimiento estético propio del Río de la Plata y hay quien –Angel Rama en su Los guachipolíticos rioplatenses – dice que de América, El gran surubí de Pedro Mairal resulta un libro insoslayable. [SIGUE ACÁ]



Adán Buenosayres, Leopoldo Marechal




En este capítulo de Impreso en Argentina entrevistamos a la hija de Marechal, María de los Angeles, a Juan Incardona, a Santiago Llach y a Sebastián Hernáiz. Invitados especiales en la cancha de fútbol: Maxi Tomas, Agustín Valle, Lucas Funes Oliveira, Diego Erlan, Loyds y Hernán Vanoli. Gracias a todos por sumarse. No me pregunten por la conexión entre Marechal y el fútbol, pero ahí está. El partido no fue actuado, mi gol es de verdad, aunque tuve que sobornar a la editora con un chocolate para que lo pusiera y omitiera mis bloopers.
  

Pedro Mairal - 2014


crédito: Gustavo Castaing, Revista Ñ

El entenado, de Saer




Para entrar a esta novela de Saer nos metimos en lancha por las islas santafecinas y entrevistamos a Alberto Díaz, Raúl Beceyro y Paulo Ricci.

Los pichiciegos, de Fogwill



En este capítulo de Impreso en Argentina, para meternos en la novela visionaria de Fogwill, entrevistamos a Ezequiel de Rosso, a Mauro Libertella y a Hugo Emilio Sánchez, el autor de Brilla tú borracho loco, que estuvo en Malvinas en el 82. Copio abajo uno de los poemas de Hugo.


*

4


Cuenta la historia
que la noche del 12 de junio
los ingleses
aplazaron el ataque 24 horas
una decisión acertada
debían prepararse
el wirelles ridge estaba ocupado
por tropas de elite
es decir
el nono pipo tony y huguito
en posición fetal
contra las piedras.


Hugo Emilio Sánchez


La furia, de Silvina Ocampo






En este capítulo quedo atrapado en el mundo de Silvina Ocampo y me encuentro con Gaby Bejerman, Matilde Sánchez y Jorge Torres Zavaleta. Actuación estelar de Hadouken, el perro de Juan Sáenz Valiente.

Misteriosa Buenos Aires, de Mujica Láinez



En este capítulo leo los cuentos de Misteriosa Buenos Aires en el orden inverso y eso me pega raro.
Entrevistados: Ernesto Schoo, Alejandra Laera, Daniel Schavelzon

Cuentos de locura de amor y de muerte, Quiroga

Impreso en Argentina II: Cuentos de amor de locura y de muerte from Eternauta Dos Mil Uno.

En este capítulo me pierdo en la selva Misionera.
Entrevistados: Jorge Lafforgue, Soledad Quereilhac y Néstor Ríos.

El Aleph, de Borges



En este capítulo Juan encuentra un aleph en su casa.
Entrevistados: Martín Kohan, María Esther Vázquez y Carlos Gamerro

Rayuela, de Cortázar

En este capítulo armamos nuestra propia versión de Rayuela y entrevistamos a Fabián Casas, Sylvia Iparraguirre y Aníbal Jarkowski.

Impreso en Argentina II: Rayuela from Eternauta Dos Mil Uno.